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LA POESÍA DE VENEZUELA

17/09/2008 GMT 1

POETA PÁLMENES YARZA

pedroperezaldana @ 00:48

palmenes-yarza_320x385.jpg

ENTRE LAS SOMBRAS DEL PARQUE
5
Vuelvo sobre mis pasos voy buscando
aquel camino sordo y ciego
por donde ir en áspera demencia.
Y llego
a un pueblo de garzas, a un árbol seco,
alto candelabro encendido, en desvelo.
Echo tu nombre como ceniza de rescoldo al viento.
Llego a una garza sola, asoleándose en cruz,
madero gris en invierno,
a otra que ansía ser
la rosa de la amanecida
al abrazo del campo en los herbales,
tomo el alma del día
en la epeira que perfila la curva del camino,
en el insecto del barranco
que viene hasta mi pecho en giro imprevisible.
Mi proyección camina sobre un hilo de sombra.
Oigo que llaman desde un hito lejano.
Te oigo, oigo el resquicio de tu nombre
¿desde dónde?, ¿adónde?
Me encuentro con la luz, borrada, ausente,
y una palma va en el cielo
y el ceibo todo blanco se empina hasta la nube
como fábula o leyenda.
A un refugio que parece un ilusorio secreto
me encomiendo en este día de diciembre.
Estoy aquí, en Pálmenes y el silencio
y doy de mi pan a la ardilla o al saucedo.
A través de la rama el sol asoma el cielo.
Tú naces lejos, lejos.
Baja una abeja una hormiga por las sobras de mi mesa.
Vacila en la hoja verde la gota de rocío
y cae y se funde en mi frente.
Lagartos transeúntes en tropilla
atisban a este-oeste en la redonda sombra
que proyecta la nube inmóvil.
Mi mano estrecha una mano que no existe.
En el aire quieto crece el instante
huevo de vida y muerte.

PROMESAS

He de aprender a hilar mi tela
como la araña, sin telar;
demarcaré en medio de la vida
la armonía del ser!
Cavaré la tierra con mi raíz,
como la planta,
y después,
subirá mi fuerza al cielo
y se dará en flor;
génesis de la vida!
la flor es la canción del árbol!
Con mis ojos diáfanos
soliviantaré la calma de la tierra
en las noches largas!
Hablaré conmigo;
y cuando hable con los otros
mi silencio será el lastre
de las palabras suspendidas
en el alma!

RECADO E INTIMIDAD

Padre:
Sola estoy como señera roca
del confín más distante.
Como tú lo estarás frente al lucero
que mira tu morada sin pino que la guarde.
Sola a la luz del inmortal silencio,
que la desesperación ya no me alcanza.
Ya no puede escarbar dentro del pecho
apretado de calma.
Sola, sí,
como esos desgarrones de los mundos.
Como tu cabellera que negó la borrasca,
la sombra la miró trama de luces,
y a un tiempo la encontraron los soles y las aguas.
Tú viste el eslabón: hiere la entraña al sílex
y le arranca su grito vuelto llama.
El grito de tu nombre, que es mi herida más propia,
petrificada por milenios de angustia,
brota fuego en mi entraña.
En el dintel del día,
al contemplar de nuevo la distancia,
con tu imagen desnuda se da cita
mi pura y simple alma.
Si te perdí una vez fue en esa hora
cuando te revelaste entre la sombra.
Si me cegó tu luz, cercana y mía,
hoy, tarda, hacia otro predio me encamina.
Ha poco yo clamara en todo el ser,
como pozo de otoño a las aguas en marcha.
Empero, hoy ruego a ti lo que le ruega
el último lucero a la mañana.

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