POETA JUAN SÁNCHEZ PELÁEZ

ADOLESCENCIA
En el fondo de mis sueños
Siempre te encuentro cuando amanece.
Qué ensanchamiento en el exilio, por el vagabundaje de
claras fuentes azules;
Por el soplo de la tierra.
Costumbre angélica.
Evadida hacia otra queja, vuela con los pájaros, sueña con
las nubes;
Levanta raíces inquietas en el agua.
En el fondo de mis sueños
La aurora fugitiva. Sólo la sombra
Concluye mi única estrella, mi último día.
AL PRINCIPIO AL FINAL
Si ella premedita dureza o ternura (O lucha en vacuas
direcciones),
Si me obsequia o niega,
Apago el conmutador.
Me veo con mansedumbre en el lecho,
Me toman el pulso, me hallo lejos,
Pruebo a la mujer de ceniza,
Única de fruto, de cortar las venas e irrigar el vientre,
Oquedal de un badajo a rastras,
Al principio al final
Insomne en la misma constelación,
Hambre en nuestra holgura y unigénito sueño.
BELLEZA
Interrumpida mi plática, vuelvo a hablar contigo de la partida y el regreso.
Todo sucedió a vuelo de pájaro, belleza: a la
vez mundo compacto, cerrado y libre. Al abrir los ojos en la
llama fría, era un lorito ufano; te busqué de verdad, lamía en
la sombra tus huesos, santa perra. Aunque me ausentara de
ti, aunque me cubriera el ridículo, aunque estuvieras más
allá del resplandor que me envuelve; quizás cercana a la
bahía, en pleno mar de verano, en medio de las palmas reales.
CON FLORES PINTADAS...
Con
flores pintadas
en nuestro
cuerpo
y
la bujía
en cada
mano
lo único
que pasa
es el silencio
pero
los recuerdos
son fieles
y
al
lado
de nosotros
murmuran
sobre
la máscara
la piel
o la palabra enorme:
«Oye mi amor hacia ti».
«Oye mi grito
por ti».
CUANDO SUBES A LAS ALTURAS...
Cuando subes a las alturas,
Te grito al oído:
Estamos mezclados al gran mal de la tierra.
Siempre me siento extraño.
Apenas
Sobrevivo
Al pánico de las noches.
Loba dentro de mí, desconocida,
Somos huéspedes en la colina del ensueño,
El sitio amado por los pobres;
Ellos
Han descendido con la aparición
Del sol,
Hasta humedecerme con muchas rosas,
Y yo he conquistado el ridículo
Con mi ternura,
Escuchando al corazón.
De "Animal de costumbre" 1959
EL CUERPO SUICIDA
Rosa invisible rasgo puro
Venas subyugantes como lámparas de nieve
y mi espejo en su lecho fratricida
Iba hacia ti
Desde la negra edad de mis orígenes
Iba hacia ti
Cuando la luna ondea en mis sienes desatadas
Caías de rodillas con un racimo de frutas.
Los perversos ojos del cielo recubren tu llama
La espiga vigilante adentro
En las zonas del silencio donde la luz no llega.
Yo veía un niño agonizando en los jardines
El que arrojaba uvas delirantes a las duras bahías
Y los cuerpos ahogados en la noche
Cuando arden cenizas en la magia de Dios.
Yo he visto alfombras proteger sus rebaños
de ignorancia
Altares y arcos
Los senos, bases de fuego fascinante
El perfecto hábito del semen
Joya de abismo, taciturno enigma.
ELENA ES ALGA DE LA TIERRA...
Elena es alga de la tierra
Ola del mar.
Existe porque posee la nostalgia
De estos elementos,
Pero Ella lo sabe,
Sueña,
Y confía,
De pie sobre la roca y el coral de los abismos.
En realidad, Elena
Conoce las cosas simples,
Porque antes de ser doncella
Fue Sirena y Ondina,
Y antes de ser
Sirena y Ondina,
Nadó en el torbellino, en el número, en el fuego.
Yo debí caer en la calzada, y rememorar,
Oh huésped delirante;
Allí donde apacigua la tarde y el crepúsculo,
A mí me separaron.
Tuve otro amor,
Puro como el éxtasis,
Frágil como la fantasía,
Absoluto como mi otro amor.
Oí una trompeta de bruma en el desierto
Mis halcones salieron del follaje.
En todas las estaciones
En el otoño o en la primavera
Elena es alga de la tierra
Ola del mar.
ME PONGO A TEMBLAR...
Me pongo a temblar en la noche llena de sonidos. Absorto en mi labor, no me doy cuenta que el tiempo transcurre. Mi oficio es como la lluvia: acariciar, penetrar, hundirme. Observo la tinaja oscura. Alumbro una lámpara en mi duermevela. Siento mi arruga y mi enigma, pero ¿dónde el
hallazgo por venir, o una mañana clara en las calzada?
TRINIDAD
Cuando todos cavilan, me arrulla
Me arrulla mi melodía pueril.
Luego, me voy de súbito a una isla,
Y allí las tiendas, la pesca de ranas, la obsequiosidad de
una muchacha negra,
Me hacen formular vigilias felices;
Soplo una gran bujía:
Es el adiós sollozando en mi corazón.
El ancla que pesa al fondo del fiar.

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