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LA POESÍA DE VENEZUELA

20/08/2008 GMT 1

POETA YLDEFONSO FINOL

pedroperezaldana @ 21:25

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Ganas de Proa
Esa mañana que no retorna
Esa colina de nostalgias
Ese asalto de andares y recuerdos
Esa caída de vacíos al alma
Ese atardecer que sobrevuela mi angustia
Esa encima de lo triste
Esa pócima melancólica del horizonte
Ese cantar de palomas que inunda mis sueños
Ese crujir de mecates insomnes
Ese llover sangre los alcatraces ametrallados
Ese ungüento frío y mohoso del soplar los mares
Ese volver jadeantes a los días perdidos
Ese quedarse colgado en la mirada ausente
Ese buscar la orilla aferrado a lo hondo
Ese escarbar en las raíces del duelo
Y cierta manía de odio al dolor
Ese anhelo tibio por lo imposible
Esas ansias oceánicas de vuelo
Esa ambición animal de existir
Ese recurrir al canto y rumiar penas
Ese perseguir las nubes y beberse el sueño
Ese trepar por las colmenas del caos con la alegría de la lucha
Esas ganas de proa
Eso que soy.
Memorias
Voces de viejos tejen la pena en la almohada de la espera
una lluvia irlandesa lo inunda todo
que el murmullo en la brisa trae ansias y querellas
Es que una calle de mi pueblo huele a flores
y en la plaza una muchacha uniformada
despeinó las jardineras con el aleteo de la despedida
Fue así que vinieron los poemas trashumantes del otoño sideral
a colgarse de los cuellos juveniles
y se tatuaron las parrandas en la melancolía de ciertos y determinados seretones
especie de cupidos con lanza en ristre y corazón hotelero
que pasan por duendes a caballo con mujer en ancas
y el alma que se sale por la boca Allí es cuando provoca un bolero seco doble que le aclare a uno los sentimientos para poder cantarle a la luna que el amor es como ella un poco de luz redonda entre la nada millones de chispazos proteicos que corren alocados a preñar la entraña virgen de aquella muchacha ahora sin uniforme ni vestido alguno echada sobre la tupida flora de la voluptuosidad la jadeante respiración contenida entre los pechos sugestivos que le abren las flores a las ventanas de mi calle que empieza a oler a sexo como cuando huele a olvido.

Caribe ser
A esta orilla llega el aullido eclesial de bod marley
Hecho humo el mar fumado en una carta libertadora
A esta orilla como una inmensa lengua punzo penetrante
llega el Caribe navegando a tientas
urdiendo salvamentos fallidos mamas caídas
Cualquier clase de naufragio o recuerdo
Un huracán de multitudes lácteas succiona sueños de sus alas
aferrarse al mástil es una melosa canción desafinada
No hay chance de volver ni en la resaca emancipadora de retornos
Al Caribe no se viene a mirar el sol
Aquí se viene a gemir cuando el viento brillo luz infinita
Noventa grados Fahrenheit te ve de frente y te ausculta
Con infernal candidez de duende depredador de las penumbras
A esta orilla mar quimera continente
no se viene sin boleto de transfiguración ni certificado de regresión
Porque aquí siempre habrá un ancestro desconocido
sentado en un malecón
Esperándote para verter en tu hombro toda su pena
Y convidarte a un celebrarse juntos los encuentros con la botella a medio andar
donde un despecho ha de aparecer.

Niño que al día ve una mujer
Tras el pequeño portón de madera
Se ve su diminuta humanidad
Sus trenzas densas y negras como la tristeza de sus ojos
Del pote que apenas sostiene apuntando al azar de la bondad
Tiene todos los años de la desventura colgando en la piel
Por su soledad retozan con lujuria las hambres del género
Que no son palabras que quepan con facilidad
en los manuales de la estética poética de los manoseadores
los aduladores de la pose
Por lo que este poema panfletario
Con descaro lo proclamo con toda la melancolía y la vergüenza
Lo canto a aquella mujer de mil arrugas que se va pausadamente
hurgando la lástima ávida y torpe
por este mundo descalzo de amor.

Lluvia que fue un día

Esta vez la lluvia se desnudó sin anunciarse
Su piel de enigmas seduce al asfalto que se sacia
Vapores los suspiros escapan de un traslúcido marfil
Las paredes de las casas fósiles
parecen trapos viejos tendidos al ardor terrible del olvido
al dejarse poseer por la tarde húmeda reptil
El sopor desconecta a la tierra de sus traidores aposentos
Te desliza su peso inútil al onírico éxtasis febril
El volar que corta hilos de agua
Mis discos sencillos de acetato con manzana verde al corazón
Van de mis manos al adiós inesperado de la calle
Mi nostalgia censurada contra el pavimento
Esta vez la lluvia expolió mis nervios
con azotes de una calma insoportable
Me tomó por reo de la etérea pluviosidad.

Siete Poemas contra la Lluvia
Tormenta
Los caracoles fósiles irán de nuevo al mar
Al desierto la arena rejuvenecida
Una furiosa lengua de serpiente
Echa a la calle las esperanzas
A la intemperie envenenada
La tierra viste de luto multiocre
Los emplumados cadáveres de la existencia
Caen desplomados de plomos en las alas
Los techos ausentes de la pobreza
Ser pobre es muy triste cuando llueve
Cuando truena en el miedo solitario de los huérfanos
Cuando los partes meteorológicos son como crack bursátil
Pero no aparecen por ninguna parte
Las acciones solidarias que recuerden al ser humano
Cuando llueve y tiembla en la inmensidad del hambre.
II
La lluvia ácida
Ulcera la intimidad de los archivos
Oxida las bisagras de la memoria
Carcome las paredes intestinas del consciente
Sólo el llantén del amor anda presagiando alivios
Pero la lluvia no cree en hierbas
Ni en oraciones ni ensalmes
Menos en la poesía
Que a las nubes dispara con ungüentos del alma
La lluvia no come cuentos
Los devora.
III
La tarde pereció nublada
Hubo noche precoz
Se descolgaron las grises cortinas de la melancolía
Enmudeciendo la acuarela del crepúsculo
La voluminosa masa del agua
Estalló en su erótico cenit
Descargando rabiosas humedades
Sobre los fieles de la tierra
Y se inundó la vastedad
La ciudad arrasada
Oye temerosa a la lluvia cantar su soberbia
Su victoria inevitable
Entre ruinas y penas
IV
La lluvia despertó a los huracanes
Y puso en remojo las alas de millones de sueños
La libertad disfrazada de paloma
Cayó vencida por un peso extraño
Como un ataúd cargado de recuerdos
El sol despertó y el viento
En vez de secar tumba
Excava tumbas
Los ciclones se atrincheraron en la noche
Los relámpagos certeros disparos
La lluvia reptil triunfó sobre todo
Porque no hay quien dome le ímpetu de la tristeza
V
La lluvia de la noche
Arruina las serenatas
Arruina al teatro de calle
A los vendedores de tostadas
Y a los cines de pueblo
La lluvia de la madrugada
Arruina las noticias impresas y los pregoneros
Arruina el salado tendido eléctrico
Dando paso a la plaga y al desvelo
Y tras de sí al cielo apagado
La lluvia del día
La inesperada desnuda ante el Sol
Arruina las escuelas
Las marchas universitarias
Y los entierros de los pobres
Porque a pie y sudando
Ni las lágrimas se salvan de sus abusos.
VI
En esta ciudad cuando llueve
Se adormecen los latidos y el corazón
Inundado por oscuros nubarrones
Se queda triste debajo de unas ramas secas
Con un niño en los brazos
Al terminar la lluvia sobre el mar
Su piel es un cementerio cansado de esperar
Un poco más acá
Más cerca de mis huesos
Las calles un asco de charcos cloacales y diarreas
Mil niños morirán deshidratados este invierno
Serán vistos como sapos aventados
Al huerto luctuoso de los obituarios
¿ Para qué sirve entonces tanta agua?
VII
No hay peor día que el domingo
Parece que un ánima insomne
Se lo bebiera todo
El aliento y las caricias
La sed de justicia las ganas de amar
Pero un domingo lluvioso
Es el colmo de las tragedias
No hay musa ni vino
Que descifre su enigma de desconsuelo
Es como cargar la muerte de sombrero
O sentarse en los escombros de la tierra
A ver pasar el entierro de la especie.

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