POETA LUÍS ERNESTO GÓMEZ

El Otro lado de la página
Debe haber algo poético en las sombras
Debe haber algo qué encontrarle
A las huellas que quedaron
A las olvidadas ausencias retratadas
Debe haber algo poético en la acostumbrada acción
Abrir la puerta y entrar en la misma sala
En la misma escena cambiante
Pasar el picaporte con las mismas pestañas
Asimismo indagar que debe haber algo incrustado
Debe haber algo de huella
Algo de olvidada ausencia
Retratada en las ventanas de tus ojos
Disgregada en tu forma de fluir
Debe haber algo que sabe a hierba
A sombra que se observa en el espejo
A esa acción que es encontrarse reflejado
Algo oscuro sorprendido
Algo en deuda de existencia
Algo inocuo, innombrado, perenne
Que se preserva en nuestra sangre
Que se cuida muy bien de no pertenecer a lo dicho
Que se dice más allá de sombra siendo sombra
Abrir la puerta y entrar en ese ciclo insistente
Ensimismado, dormido
Debe haber en este cuarto algo
Que nos haga despertar
***
Cada cruz es una coincidencia de contrarios
Cada objeto duplicado es una sombra que se cruza
Que reincide repitiendo los mismos albores
las mismas sangres
Que se enciende con clara voz nocturna
Que vuelve como eco que no cae
siempre en la ignorancia de no ver
La cruz cargada como el mundo de todos los pecados
Los clavos remitidos a los huesos
Penetrada la sombra y el peso del tiempo
Las siete palabras del delirio
La exquisitez del vacío
porque me has abandonado
La luz distendida en la lluvia
En la última sangre, que hierve al volver
Al ser alimentada en el barro del parto
Al ser huella milenaria
Este ciclo calcinante de muerte y peso
Se vuelve hacia nosotros
Este hombre, ese despojo de carne
Colgado de clavos
Esa conciencia de contrarios
que se enfrenta al vacío
Vuelve a ser objeto o símbolo
Una sombra que se cruza
Que reincide repitiendo los mismos albores
las mismas sangres
Que con clara voz se enciende nocturna
Que vuelve como eco que no cae
Siempre en la ignorancia
porque no saben lo que hacen
***
La justicia que sentencia ciegamente
Su virtud estremecida en el inmenso blanco ataviado
La justicia que nos es ciega
Casi como un revólver cargado señalando
Las balas hacia cualquier dirección y la muchedumbre
La justicia que se permite apuntar sin sentido
Que no se permite ver
Con sus límites de arquetipo deseado
Con sus límites humanos elevados a símbolo
Sólo la sentencia apuntada, sólo la decisión asumida
Nos refleja en ese espejo que llevamos dentro
Su visión limpia y cómoda, no asume riesgos
Delante los escombros cayendo como cuerpos
Esos ojos heredados-ataviados
Sentenciante sombra que la juzga
Rodeada en los cuerpos cayendo como ruinas
Más allá de culpas o inocencia
No alteran la danza de esos cuerpos olvidando voluntades
La justicia que tiene la fortaleza de mostrar sus ojos
Asomar el color de su rostro, de ejercer el poder de su palabra
La única, en que somos para siempre inocentes y culpables
***
Pongo entre comillas una palabra
No es justo lo que quiere decir
La palabra es un arma que apunta
Una flecha envenenada con antídoto
Cambio esa palabra, ella no apunta lo suficiente
Quizá no tiene suficiente veneno, suficiente medicina
Quizá le falta dirección, más justeza
No es casi lo que me dice el mundo
No es preciso ni fiel a lo que hay detrás
No es justo el mundo ni preciso
No es la clara palabra que me hace sentir como ese mundo
Quizá no tiene suficiente flecha, ni suficientes letras
Ni orden, ni apariencia detrás
Ni imaginación dormida, ni ojos por despertar en madrugada
Ni esa disposición de ser arma que no existe pero toca
que no mata pero cura
que no existe y es real su efecto de esperanza
Su pacto con los caminos que recorres
Su voz no dicha y para siempre río
que fluye en nuestras vidas
Cambio esa palabra por otra, nueva
Ella es una flecha envenenada que apunta
Indudable que la palabra es un arma con antídoto
No es justo lo que quiere decir
“No es justo el mundo”
Quizá debo poner todo el poema entre comillas
***
El otro lado, invisible e inequívoco
Lo otro que dicen las palabras
La retaguardia de mi cuerpo
infranqueable a mí mismo
Torso oculto esbozado en metáfora interrumpida
Desde una visión imposible
Desde una sombra refractante en los espejos
Se encienden las hogueras del misterio
que pesa
sobre tus hombros
El otro espejo de la palabra
La otra refracción posible, oculta, infinita
que reposa de arte
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