POETA LAURENCIO SÁNCHEZ PALOMARES

I
A la altura del alba el viento es más intenso.
Y hay una tristeza de lámparas que mueren
en un lugar del mundo.
La lluvia ha golpeado con fuerza los muros más antiguos.
Yo he perdido la mansedumbre que traje de mi muerte.
Íbamos descalzos, persiguiendo la luna,
y levantábamos las garzas y encendíamos el bosque
secreto de fábulas.
Íbamos hacia los cundiamores
Qué iluminaban serpientes al sur del océano.
Entonces, ella dormía sobre un césped de raíces jóvenes
en medio de la flora y de los pájaros
y su almohada estaba hecha de las nubes más blancas.
Yo era el desvelado que corría detrás de su risa
para rescatarla de la noche.
Entonces tenía la mansedumbre de las liebres más tristes.
II
Al sur de agosto
los puertos eran más azules.
Una ciudad había iluminada como el palacio de las vírgenes.
Al sur de agosto
ella amaba las mariposas,
extendía sus manos como lámparas después que caía las lluvia en los
jardines,
y lanzaba piedras enormes para abrir inmensas
cataratas en el aire.
Al sur de agosto la tierra no osaba detenerse nunca.
Mi madre miraba los mendigos como viniendo de la tarde.
Entonces teníamos el corazón de las perdices
más alegres
vueltas hacia el crepúsculo.
v
He vuelto al río,
allí hay una piedra enorme
donde se esconden los pájaros y el viento silba.
A los pasos azules
donde la infancia salta como las constelaciones.
Y la sonrisa busca espigas de oro.
Al río del pez volador
a los nidos de los pájaros negros
a las jícaras de barro
a las madrugadas celestes
a los altos bambúes donde los venados duermen
y los gallos enamoran gallinas salvajes.
He vuelto al sitio donde los hermanos Vargas
se reunían a la orden del más fuerte
y enarbolaban caucheras como estrellas de fuego.
A la casa de las piñas rojas
a la casa de campo donde hay animales mansos
encerrados entre alambres de púas.
A los hornos de cal
donde los leños son como crepúsculos
donde la tarde pierde su tristeza
y las mujeres cojen agua con tinajas oscuras.
He vuelto a andar entre hormigas doradas.
He vuelto a las montañas de peña azul
con un pañuelo rojo.
A los altos almendrones.
Almirante menea su cola y mira con ojos azules
mis sobrinas juegan en el patio con sus muñecas
rubias traídas de París.
Y Julio Helvecio me habla del abuelo
que se fue a las estrellas.
("PARA UNA FÁBULA" PUBLICADO POR EL FONDO EDITORIAL ARTURO CARDOZO
TRUJILLO 2005).

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