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LA POESÍA DE VENEZUELA

18/08/2008 GMT 1

POETA WAFI SALIH

pedroperezaldana @ 20:54

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AFANDI
De ti sólo me queda
un sabor
aceitunado
en el recuerdo
Como Beduina
he recorrido los desiertos
de tu cuerpo
en la noche
En el juego
Detenido
en cada poro
de mi piel
Donde te invoca
mi alma
en un perfume.

SAMAR
Cóncava
tocando el fondo
de la desolación
día tras día
resplandeces
en el desierto
laúd adentro
llamas a la muerte
y oscurezco contigo.

(De Los cantos de la noche, 1996).

Dios

Punto

que corta

Una recta

Alba

que divide

el día.

Soledad

Transita

por mi alma

contenida

un silencio

de nieve

Me imprime

un sabor

a inmensidad

la noche

como un relámpago

visible.

Mentira

Reptil

sobre

el pasto

Fértil

te reconoces

en el umbral

del signo

donde nada

acontece

Exilios

Fuera de mí

un infinito

desierto

hace morada

Me deja

con dimensión

de arco

en los largos

caminos

de la noche.

17/08/2008 GMT 1

POETA LUÍS ERNESTO GÓMEZ

pedroperezaldana @ 22:56

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El Otro lado de la página

Debe haber algo poético en las sombras
Debe haber algo qué encontrarle
A las huellas que quedaron
A las olvidadas ausencias retratadas
Debe haber algo poético en la acostumbrada acción
Abrir la puerta y entrar en la misma sala
En la misma escena cambiante
Pasar el picaporte con las mismas pestañas
Asimismo indagar que debe haber algo incrustado
Debe haber algo de huella
Algo de olvidada ausencia
Retratada en las ventanas de tus ojos
Disgregada en tu forma de fluir
Debe haber algo que sabe a hierba
A sombra que se observa en el espejo
A esa acción que es encontrarse reflejado
Algo oscuro sorprendido
Algo en deuda de existencia
Algo inocuo, innombrado, perenne
Que se preserva en nuestra sangre
Que se cuida muy bien de no pertenecer a lo dicho
Que se dice más allá de sombra siendo sombra
Abrir la puerta y entrar en ese ciclo insistente
Ensimismado, dormido
Debe haber en este cuarto algo
Que nos haga despertar

***

Cada cruz es una coincidencia de contrarios
Cada objeto duplicado es una sombra que se cruza
Que reincide repitiendo los mismos albores
las mismas sangres
Que se enciende con clara voz nocturna
Que vuelve como eco que no cae
siempre en la ignorancia de no ver
La cruz cargada como el mundo de todos los pecados
Los clavos remitidos a los huesos
Penetrada la sombra y el peso del tiempo
Las siete palabras del delirio
La exquisitez del vacío
porque me has abandonado
La luz distendida en la lluvia
En la última sangre, que hierve al volver
Al ser alimentada en el barro del parto
Al ser huella milenaria
Este ciclo calcinante de muerte y peso
Se vuelve hacia nosotros
Este hombre, ese despojo de carne
Colgado de clavos
Esa conciencia de contrarios
que se enfrenta al vacío
Vuelve a ser objeto o símbolo
Una sombra que se cruza
Que reincide repitiendo los mismos albores
las mismas sangres
Que con clara voz se enciende nocturna
Que vuelve como eco que no cae
Siempre en la ignorancia
porque no saben lo que hacen

***

La justicia que sentencia ciegamente
Su virtud estremecida en el inmenso blanco ataviado
La justicia que nos es ciega
Casi como un revólver cargado señalando
Las balas hacia cualquier dirección y la muchedumbre
La justicia que se permite apuntar sin sentido
Que no se permite ver
Con sus límites de arquetipo deseado
Con sus límites humanos elevados a símbolo
Sólo la sentencia apuntada, sólo la decisión asumida
Nos refleja en ese espejo que llevamos dentro
Su visión limpia y cómoda, no asume riesgos
Delante los escombros cayendo como cuerpos
Esos ojos heredados-ataviados
Sentenciante sombra que la juzga
Rodeada en los cuerpos cayendo como ruinas
Más allá de culpas o inocencia
No alteran la danza de esos cuerpos olvidando voluntades
La justicia que tiene la fortaleza de mostrar sus ojos
Asomar el color de su rostro, de ejercer el poder de su palabra
La única, en que somos para siempre inocentes y culpables

***

Pongo entre comillas una palabra
No es justo lo que quiere decir
La palabra es un arma que apunta
Una flecha envenenada con antídoto
Cambio esa palabra, ella no apunta lo suficiente
Quizá no tiene suficiente veneno, suficiente medicina
Quizá le falta dirección, más justeza
No es casi lo que me dice el mundo
No es preciso ni fiel a lo que hay detrás
No es justo el mundo ni preciso
No es la clara palabra que me hace sentir como ese mundo
Quizá no tiene suficiente flecha, ni suficientes letras
Ni orden, ni apariencia detrás
Ni imaginación dormida, ni ojos por despertar en madrugada
Ni esa disposición de ser arma que no existe pero toca
que no mata pero cura
que no existe y es real su efecto de esperanza
Su pacto con los caminos que recorres
Su voz no dicha y para siempre río
que fluye en nuestras vidas
Cambio esa palabra por otra, nueva
Ella es una flecha envenenada que apunta
Indudable que la palabra es un arma con antídoto
No es justo lo que quiere decir
“No es justo el mundo”
Quizá debo poner todo el poema entre comillas

***

El otro lado, invisible e inequívoco
Lo otro que dicen las palabras
La retaguardia de mi cuerpo
infranqueable a mí mismo
Torso oculto esbozado en metáfora interrumpida
Desde una visión imposible
Desde una sombra refractante en los espejos
Se encienden las hogueras del misterio
que pesa
sobre tus hombros
El otro espejo de la palabra
La otra refracción posible, oculta, infinita
que reposa de arte
Vuelta al otro lado de la página

POETA LAURENCIO SÁNCHEZ PALOMARES

pedroperezaldana @ 00:50

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I

A la altura del alba el viento es más intenso.
Y hay una tristeza de lámparas que mueren
en un lugar del mundo.

La lluvia ha golpeado con fuerza los muros más antiguos.
Yo he perdido la mansedumbre que traje de mi muerte.

Íbamos descalzos, persiguiendo la luna,
y levantábamos las garzas y encendíamos el bosque
secreto de fábulas.

Íbamos hacia los cundiamores
Qué iluminaban serpientes al sur del océano.

Entonces, ella dormía sobre un césped de raíces jóvenes
en medio de la flora y de los pájaros
y su almohada estaba hecha de las nubes más blancas.

Yo era el desvelado que corría detrás de su risa
para rescatarla de la noche.

Entonces tenía la mansedumbre de las liebres más tristes.

II

Al sur de agosto
los puertos eran más azules.
Una ciudad había iluminada como el palacio de las vírgenes.

Al sur de agosto
ella amaba las mariposas,
extendía sus manos como lámparas después que caía las lluvia en los
jardines,

y lanzaba piedras enormes para abrir inmensas
cataratas en el aire.

Al sur de agosto la tierra no osaba detenerse nunca.
Mi madre miraba los mendigos como viniendo de la tarde.
Entonces teníamos el corazón de las perdices
más alegres
vueltas hacia el crepúsculo.

v

He vuelto al río,
allí hay una piedra enorme
donde se esconden los pájaros y el viento silba.
A los pasos azules
donde la infancia salta como las constelaciones.
Y la sonrisa busca espigas de oro.
Al río del pez volador
a los nidos de los pájaros negros
a las jícaras de barro
a las madrugadas celestes
a los altos bambúes donde los venados duermen
y los gallos enamoran gallinas salvajes.
He vuelto al sitio donde los hermanos Vargas
se reunían a la orden del más fuerte
y enarbolaban caucheras como estrellas de fuego.
A la casa de las piñas rojas
a la casa de campo donde hay animales mansos
encerrados entre alambres de púas.
A los hornos de cal
donde los leños son como crepúsculos
donde la tarde pierde su tristeza
y las mujeres cojen agua con tinajas oscuras.
He vuelto a andar entre hormigas doradas.
He vuelto a las montañas de peña azul
con un pañuelo rojo.
A los altos almendrones.
Almirante menea su cola y mira con ojos azules
mis sobrinas juegan en el patio con sus muñecas
rubias traídas de París.
Y Julio Helvecio me habla del abuelo
que se fue a las estrellas.

("PARA UNA FÁBULA" PUBLICADO POR EL FONDO EDITORIAL ARTURO CARDOZO
TRUJILLO 2005).

07/08/2008 GMT 1

POETA EGISTO VARGAS

pedroperezaldana @ 21:24

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Le hago rito
a la soledad
y me hospedo
en sus grietas

Colmado de nada
comprendo
el parentesco
de un suicidio

La máscara
me concede
la nada
y amanezco
en el vientre
de la noche

La luna cae
en mi alcoba
y el lobo
enmudece

Una huella
camina
los olvidos
en la ruta
sorda
de la habitación

La usencia
de la muerte
construye
su escenario
y en la taquilla
se regalan boletos

La noche
descifra
el código
de soles
entre
sábanas
celestiales

Un zapato
se descuartiza
y solo quedan
huellas
del insomnio

Hoy comprendo
el temor
a la serpiente
mientras
se cruza
la línea
del olvido

La noche sangra
el pergamino
de la historia

Se metaliza
no hay lágrimas
solo un bolero
destruído
al pie
del piano

Sin neurosis
la piel
de la muerte
me acosa

Yo un yo
de soledad
particulas
de silencio
átomo
del infierno

Me bebo
fantasmas
y amanezco
vomitando
soles tóxicos
innombrables

Tu escenario
mi silencio
tu obra
mi soledad
y yo público
que aplaude
la muerte
en primera
fila

POETA ISAÍAS RODRÍGUEZ DÍAZ

pedroperezaldana @ 21:02

julian-isaias-rodriguez.jpg

¡Quiero un hijo de ti¡

¿Sabes,
Quiero provocarte?

Quiero sacarte ese animal que llevas dentro
Y enfrentarme con él
Y pelear con él

Como quien defiende
Legítima
O
Ilegítimamente
Un territorio

¡Quiero un hijo de ti¡

No para que lo amamantes
Y lo abraces

Sino

Para que lo levantes
Y lo muestres
Como
Una bandera de tu carne

Con una cruz de azahares

El miedo de que te vieran
besándonos en la calle,
sin que tú lo percibieras
-inconsciente y diletante-
Íntegro, cabal e intacto,
completo me lo pasaste

Sé que no te has dado cuenta
De todo lo que sembraste

Tú ya no temes a nadie
Te le sacudes al mundo
andas harta de coraje
Todos te importan un bledo
Y hasta miras con desplante

Pero, en mi pecho hay un trueno
Un susto brusco me late
Y un cuchillo de aluminio
me hace tasajos la carne.

Me has herido los respiros
Se me amontonó la sangre
y en cada voz las espinas
Que quedaron en el aire

Me dicen como un rumor
de hormigas que se deshacen
¡Nos estan viendo, mi amor¡
¡Por Dios, vida, viene alguien¡

¡En los susurros hay fieras
Y el murmullo es más salvaje¡

¡Sería que lo que querías
era, mujer, desdoblarme
Y colocar mis soldados
de angustias por todas partes¡

¡Si es eso lo que buscabas
Creo que, por fin, lo encontraste¡

Pero esa angustia no es mía,
deshoja los almanaques
junta tu sombra y mi sombra
con un silencio de parques
-ponle a la noche otros días
junta tu tarde y mi tarde-
y recuerda que este miedo
ancho, de largos desfases,
aprehensivo y pusilánime
receloso y sin mensaje
-con un pavor hecho susto-
tú misma me lo pasaste.

Le puso sabor a cobre
a la saliva la carne;
Con unas piedras enormes
Hizo peso en mis ijares;
los labios se me cosieron
y las palabras -sin base-
se me fueron alejando
como un serpenteo distante
que me ha entregado este pánico
tenso y frío, como alambre.

¡Desde entonces ando a tiendas
Con una cruz de azahares
Y, en la calle, en las calles,
No están las ganas de amarte
y andar comiéndote a besos
con las locuras de antes¡

(Te esperaré en los olvidos, 2007)

06/08/2008 GMT 1

POETA GREGORIO RIVEROS

pedroperezaldana @ 22:36

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METAMORFOSIS EN LA HOGUERA DEL OCASO

COLUMPIOS

He tejido
columpios
en mi alma
para recrear
al suicidio
y la muerte.
Y
Yo
cínico
espero
solemne.

INFANCIA

Estoy de luto
sin mi padre.
Sin la casa
de infancia.
La oscura
noche
de ayer
me arrebata.

FINAL

Encuentras
el calor
de mi cuerpo
y los recuerdos
de la niñez.
Allí
están
mi Padre
y mi Madre.
Héroes
inconclusos
que moderan
mi perfección
que huye
por la casa
y la oscuridad
de los bosques.
Y persigues
mi alma
y los rastros
del ayer
doblegan
en esta hora
final.

AUSENCIA

Ciudad
sin magias
distante
sin caminos.
Me nombras.
Sientes
mis pasos
y
yo
el
gran
ausente.

TRAPECISTAS

En la noche
por la oscuridad
se marchan
los recuerdos.
Y no hay palabras.
Y no hay actos.
Allí
quedan
los pensamientos
como
trapecistas
del
vacío.

ROSTRO

Miro
la profundidad
del precipicio
y encuentro
la oscura
alegría
de tu rostro.

MUERTE

Te encuentro
perdida
sin memoria.
Vacilante.
Sin rostro.
Sin historia.
Ojalá
siempre
seas bella.

POEMA

Insisto
en la palabra
simple
y llana
del poema
del tamaño
simple
de un átomo
que se ocupe
de la nada.

MITOLOGIA

La muerte
vive
muerta.
La muerte
existe
y desea
vivir.
La muerte
es
Ella
que
al nacer
muere.

EL MUERTO

Amanecí
oloroso
a poesía.
Con flores
y velas encendidas.
Soy
el muerto
del Cementerio Municipal.
El cadaver
inusitado
sazonado con formol
Viajando
por la eternidad
junto
a salvajes gusanos
que saborean
mi naufragio.

POETA ELÍAS DAVID CURIEL

pedroperezaldana @ 22:13

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ELÍAS DAVID CURIEL

DESORIENTACIÓN

Desorientado en medio de la llanura
desolada, no encuentro la dirección,
pues no hay polar estrella, ni tengo brújula,
ni en el Orto sombrío despunta el Sol.

Camino largo trecho, camino mucho,
del imprevisto acaso siempre a merced;
y cuando la fatiga detiene el rumbo,
siempre en el mismo sitio me hallo de pie.

Es porque retrocedo siempre que avanzo.
Los puntos cardinales trastueca el gris
nocturno y soy peonza sobre mis pasos,
sin que del llano negro logre salir.

Fluir oigo en remota clepsidra, el agua,
muerto de sed y ardido por el calor…
Y no sé en mi extravío ni a dónde vaya,
ni en dónde estoy!

POETA RAFAEL JOSÉ ÁLVAREZ

pedroperezaldana @ 21:56

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RAFAEL JOSÉ ÁLVAREZ

DE GALLO Y NUBE FOSFORECE EL DÍA

De gallo y nube fosforece el día
hacia un silencio de húmedos tejidos:
rama de tempestad, fondos crecidos
en la luz donde un ángel se extravía.

Ala de encantamiento el tiempo hacía
derramar por el aire los sentidos.
Sobre el limo temblaban, desprendidos
como aulagas que el viento oscurecía.

Ahora la soledad suelta sus cabras
al borde de este día, por las abras
de oscuros meses que los sueños llagan.

Anda por las quebradas, y se queda,
y en sus ramajes la memoria enreda
una sombra de lluvias que se apagan.

(El Gallo y la nube, 1978).

DERRUMBES

Estas paredes ya no existen
y aún ocupan un lugar.
Cruzamos puertas, soportes, soleras,
y aún los olores desaparecidos
están allí con los derrumbes de este tiempo.

De su extinción derivan rastros, lagartijas.
La nada reservada a la estila, a los arcones,
los enseres que precedieron la maraña,
la humedad oculta donde ellos
(infusiones, aceites, duermevelas)
cavilan, resisten a la lama,
a la clausura, a evaporadas lluvias
que redujeron a polvo las vigas y los clavos.

Ahora sustentan el vacio,
opaco resplandor bajo un negado espacio
donde son apenas el secreto de los grillos,
esa maleza triste que trepa los tejados.

(Oikos, 1986).

HE VUELTO DE UNA CASA ENVEJECIDA

Los desaparecidos tienen la virtud
de hacer chillar el viento en el ñongué
a dos leguas escasas de estas puestas de Adaure.

Es en Sicaname.
La noche deja asomar,
además de los ojos de cegue,
algunas piedras que fosforecen
con la loza lunar.

He vuelto de una casa envejecida
con una historia al fondo.
He visto a una anciana levantar
bajo oscuros ramajes funerarios
una lámpara de greda.
Sus huesos a la intemperie
eran reminiscencias de la salina.
Ella apaciguaba el horno
de donde, uno a uno,
iban saliendo los animales
en un extraño resplandor de grave alfarería.

Entonces me había sentido
rodeado de exorcismos:
la primera visión estuvo en los lagartos.
La segunda en una gran tinaja
semejante a un perro.
Alguien señalaba al norte
seducido por la lluvia:
(¿Habría sido el pastor?)
Ahora erraba en polvo huracanado
sobre el esqueleto de las cabras.

Aún hay ujeres imprecisas que tejen
-arañas de bramante-
las iluminaciones de los muros.
Manos que hurgan en el sitio de las monedas.
Aún hay temblor en las rendijas de las puertas.
Más sólo me aproximo a los días caídos,
a una atmosfera de aceradas uñas,
de zorros instantáneos.

He vuelto de una casa envejecida.
Los desaparecidos se allegan
a un espacio
de vasijas quemadas...

(Consagraciones, 1993).

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