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LA POESÍA DE VENEZUELA

Archivo: Agosto 2008

26/08/2008 GMT 1

POETA DANIELA LOZADA

pedroperezaldana @ 23:12

daniela-lozada.JPG

Creo que existen posibilidades
pero no las encuentro
ni en mí,
ni en la gente, ni en los árboles,
o en la tímida noche que me aborda,
ni en el fulano dios que me inventan,
o en los cementerios
donde muchas veces imagino
que reposa mi cuerpo.
Pero sí creo que existen,
¡necesito creer que existen!
deben haberse creado razones
de por qué vivir.
Y mientras las consigo
admitiré la idea
de aplicarle a mi alma
una esperanzadora eutanasia.

Etapa final

El psiquiatra redimirá tus culpas
hasta que el alba levante sus alas
y te deshagas en un recuerdo
que duela en la piel.

A Dannybal

Masticar las palabras
mientras se hace inmune el silencio
en esos ojos,
esos que sólo hablan de miseria.

Agosto

Te pienso con la soledad que no tolero,
sus minutos fingen destruir mi existencia
y les creo.
La luna entra por mis ojos
humedece,
pero sigue con su amor lejano
no suficiente.
Sé que me intoxico de ausencias,
tu olor se fue de mis sentidos
tus ojos café no me miran más
y con Neruda y versos tristes
aseguro que en esta cama
no volverás a amarme.
Las luciérnagas ocupan tu lugar.

Noche

Alguna estrella se apagó.
La calle titila
condensa gente en su oscuridad.
Una ella se acerca a la esquina,
sabiendo
que ya las esquinas no alumbran el valor.
Respira.
Muerde sus labios
mueve la lengua al perímetro de su boca
piensa en el sexo de la soledad.
Se desnuda de piel, órganos, huesos…
Ésas son las piernas
que trabajan de noche.

Presencia quebradiza

Decidir no ser,
no más el recuerdo
ni el camino de sombras.
Me regocijo en la ignorancia
en caer lentamente…
Pero segura estoy de algo,
yo nací para elegir
no para ser elegida.

Adicora

La mar
el vaso
la música
él,
sus ojos
penetrando
mi noche.
el idioma
la sintaxis
los errores
las ganas
la arena
enlodada
y al final,
el eclipse
de nuestro
amanecer.

POETA LUÍS ALBERTO CRESPO

pedroperezaldana @ 22:16

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Llegar

Los encandilados que fuimos
Nadas,
sin volver del patio
Sin la sombra
sobre la cara, la sequedad
Agarrados a los techos,
distintos
y no así, pálidos,
sin aparecer, tocados de ceniza

Chaparrón

Adelgazo como rabo de lagartija en el barranco
donde agua de chaparrones bajan, son piedras
golpeando el cuero de las calles
y ya no puedo decirme cosas
con la cabeza metida en los cerros.
Se cae el monte, anda en quebradas.
Yo no sé quién hace tanta buyaranga en los cables del teléfono.
Yo aquí soy igual al hombre de las mercancías:
una mano en la cara
para que los ojos no se vayan
en el sol del horror.
Y esos bichos en la ropa
y el capuchón de mosquitos que no me abandona,
que es como de loco.
Ando viejo, dándole a las latas con medio cuerpo en cardones,
con un poco de viento con tierra en la boca, con tierra roja.

Costumbres

Bajo el cielorraso cargado de lluvias
están los comerciantes y sus arreos de burro,
los de mercancías que hacen dormir.
Dejan una vejez en mis servicios,
y el polvero en los puentes
llevándole a uno las lejanías.
Trajeron una guitarra. La vi quemándose en el patio.
Y caminar, caminar,
hasta el río terminado en una piedra.
El agua me tiró lejos. Más allá
se borraban colinas y colinas.
Así toda la noche:
el cuerpo envuelto en aceite,
en sábana blanca
un tiempo llevado por las tejas,
a los quince años de vivir
creyendo estar en todas partes,
de querer ropas para volar
y la luna me pasaba silbando por la cara.

Herencias

De cuidar su hundido en la hamaca,
el tizne, el carbón de mi tía
Los ojos picados de culebra
de mi hermano Alcides
Tenso en el patio
cuando suena la iglesia
La llave en el balcón
como un cuchillo
Si hay chirrido de puerta
trago saliva para no decir tu nombre.

Diecisiete

Yo no tengo que mirar ese pájaro
para que siga ahí
dándome belleza
Sólo necesito observarlo
en el recuerdo
Y la rama tampoco necesita estar
si se estremece
Me basta cerrar los ojos
para que tiemble
para que la roce con el monte el suspiro

Decías

Dime no me fui como te dije
para que no me vieran por dentro
Dime que fue así,
ahora que no puedo oírte desde bien distante
Que no se supo nada por el mal tiempo,
los truenos
Lo que decía yéndome
Dile eso, que yo no vivo aquí,
que me mudé unas casas más abajo.

POETA LILIA BOSCÁN DE LOMBARDI

pedroperezaldana @ 21:44

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HUÉSPEDES DEL TIEMPO

Huéspedes del tiempo,
diez veces el círculo
en la misma desnudez,
doncella de mar diminuto
en la fragua del destino,
voces de fingidos dioses
en oscuro laberinto,
andadura solitaria
radiante de sol naciente.

FRESCA DE LLUVIA

Fresca de lluvia
amaneció su nombre
con ganas de vivir
un poco más
con los muertos
de la tierra.

COMO UNA SENTENCIA

Te amenazan los días.
Como una sentencia,
buscas un nuevo rostro
en las húmedas entrañas
de un segundo nacimiento.

EXTRAÑO OFICIO

Perdida en la madrugada
entre las líneas de un sueño,
extraña de oficio
como una desconocida.

NAZCO ENTRE TUS MANOS

Reinvento mi rostro
cada día,
nazco entre tus manos
muchas veces,
camino con mi sombra
distinta y la misma,
siempre a tientas.

EL FONDO DE LA IMAGEN

Cómo pesa
el fondo de la imagen,
sin la consistencia de la vida,
y la fábula crece
sin estigmas,
con relámpagos
en la penumbra.

AMARGO SABOR DE AUSENCIA
Sangra el oscuro recuerdo
como una herida abierta,
busco tu palabra sabia, busco tu mirada alegre
en el centro de la plaza.
Me sonríes, padre mío,
en el fondo de la sala,
amargo sabor de ausencia
Cuando agoniza la tarde.

(DEL LIBRO SURCO DE ORIGEN).

EN LA INTEMPERIE DEL DELIRIO

En la intemperie del delirio
el vuelo eterno de los astros
el derrumbe oscuro de la vida.
Y yo
un náufrago
en medio de la nada

SE INMOLA LA VIDA

Se inmola la vida
en altares de hierba,
el viento transita
túneles de sombra.
Para llorar los muertos
me visto de silencio.
SUBYACE LA LLAMA ROTA
Subyace la llama rota
en cada desvarío
y la agonía persiste
en las raíces del tiempo
sin soles que me iluminen
buscándote todavía.
EL HILO SE FRAGMENTA
El hilo se fragmenta
en el viento voraz
móvil
demente
como la vida que gira
describiendo el desamparo.

DESVÍA EL VIENTO

Desvía el viento
las palabras al abismo
y como hojas de otoño
caen muertas
derrotadas.

DE NUEVO LA AGONÍA

De nuevo la agonía
de la llama enloquecida,
las palabras se confunden
y en la penumbra del alba
como una sombra me alejo,
herida de silencio.

EL VIENTO SE DETUVO

El viento se detuvo en la ventana,
el faro de la noche
guía tu mirada
a mis ojos
en penumbra.

(DEL LIBRO EN EL CORAZÓN DEL VÉRTIGO).

POETA GUSTAVO PEREIRA

pedroperezaldana @ 00:22

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La casa sepultada en la arena

Si sollozó aquí alguien si alguien aquí amó o padeció si bajo
este muro resta todavía ceniza o hueso
si bajo la losa corroída calla el temblor de aquella a quien
la música
del océano arrulló para siempre
nada será olvidado

Fluye suelta en el aire la vida que vivimos la muerte que
abrigamos
En el polvo universal se desvanecen los reinos erigidos
La piedra que nos mira sabe que la miramos arena
Desterrada nutre el mismo destino del abismo que somos

Nada será proscrito del mundo de esta casa cuyas paredes
el salitre devasta y mordisquea como si derribara
la desdicha
Cuanto en ella pasó
pasó en nosotros
Si hubo arrullo o afrenta si bálsamo o catástrofe si derrota
o aliento si vorágine o éxtasis o música o castigo
o embriaguez o mesura
Si estos espacios hospedaron el alborozo de las
constelaciones o los viajes de serenos espantos
nada será olvidado
nada será proscrito
nada será tapiado.

SOBRE SALVAJES

Los pemones de la Gran Sabana llaman al rocío Chiriké-yeetakuú, que significa Saliva de las Estrellas; a las lágrimas Enú-parupué, que quiere decir Guarapo de los Ojos, y al corazón Yewán-enapué: Semilla del Vientre. Los waraos del delta del Orinoco dicen Mejo-koji (El Sol del Pecho) para nombrar al alma. Para decir amigo dicen Ma-jokaraisa: Mi Otro Corazón. Y para decir olvidar dicen Emonikitane, que quiere decir Perdonar.

Los muy tontos no saben lo que dicen
Para decir tierra dicen madre
Para decir madre dicen ternura
Para decir ternura dicen entrega

Tienen tal confusión de sentimientos
que con toda razón
las buenas gentes que somos
les llamamos salvajes.

Canción mestiza para domesticar la hierba

Hierba buena, hierba cana, hierba carmín, hierba de ballesteros, hierba de ala, hierba perra, hierba de las coyunturas, hierba de las golondrinas, hierba del limón, hierba del maná, hierba de los pordioseros, hierba del soldado, hierba de San Juan, hierba azucena, hierba de Santa María, hierba de Túnez, hierba doncella, hierba estrella, hierba fina, hierba gigante, hierba hormiguera, hierba impía, hierba lombriguera, hierba luisa, hierba mora, hierba tora, hierba lora, hierba sola, hierba pastel, hierba piojera, hierba pulguera, hierba flecha, hierba de la puta madre, hierba plana, hierba pamatacual, hierba del once ahau, hierba maldita,

No nos sepultes.

Cuando se dice amigo

Cuando de dice la palabra amigo se dice sólo lo
indispensable
Vale decir
Hermano
Compañero
Familia
La vida que soñamos
El mar
Cotidianos sabores
Una cerveza bajo el limpio cielo
Un olor a escafandra de cierto muelle
Una calle sola por donde desandamos nuestros
huesos

Vale decir también
Agua cálida
El sol (que no es el mismo de otras partes)
Alguien en quien se piensa especialmente
Un hogar un rincón

No se dice desprecio
Tampoco Humillación
Ni adiós
Ni escupitajo

Cuando se dice amigo se dice Certidumbre
Se dice Ternura
Se dice Costa Blanca y Común
Como Un Pan
Y se tiene una lámpara encendida en los ojos
Y un resplandor adentro.

25/08/2008 GMT 1

POETA VÍCTOR "CHINO" VALERA MORA

pedroperezaldana @ 21:24

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EL MARTILLO DE LOS UTÓPICOS

El socialismo no existe
pero de que vuela vuela
El capitalismo sí
y hay que matarlo

PUNTOS SOBRE LAS iiiiiii

En este país las putas no son
algunas mujeres desgraciadas
por el execrable sistema
En este país las putas son
y han sido hombres honorables
y larga es la nómina

COMIENZO

La lucha de clases. Los grandes monopolios imperialistas.
Los malditos muñones de la generación del 28
que tanto daño nos han hecho.
El policía del parque, los enamorados están
en la posibilidad de iniciar el terrorismo.
El recuerdo desde la llanura, caballo
llorando sangre recomenzada. Triste cuestión.
Este asunto de llevar una guitarra bajo el brazo.
La libertad de morirse de hambre doblemente.
Aquiles el escudero de la ternura
últimamente se ha dado muy duro en el alma.
Esto nos obliga a hablar
el más terrible de los lenguajes.
Hacer de la poesía un fusil airado, implacable
hasta la hermosura.
No hay otra alternativa,
la caída de un combatiente popular
es más dolorosa que el derrumbamiento
de todas las imágenes.
Cuando el pueblo tome el poder, veremos qué hacer,
mientras tanto sigamos en lo nuestro.

CANCIÓN DEL SOLDADO JUSTO

A los montes me voy, me voy completo
y espero regresar de igual manera.

Si me cortan las piernas y las manos
asiré el caminar con los anhelos.

Si me arrancan los ojos y la lengua
nueva guitarra agitará banderas.

Si me quitan la tierra donde piso,
yo vengo desde un río de asperezas
que antes me llevó y ahora me lleva.

Si me tapan los oídos con que oigo
a mis hermanos pálidos y hambrientos,
hablaré seriamente con el aire
para que se abra paso hasta los sesos.

Y si una bala loca se enamora
de mis sienes violentas,
yo seguiré pensando con los huesos.

Me voy a despeñar sobre los crueles
que han hecho de la patria un agujero
y si no asiste el pecho a la camisa
y me matan de muerte sin lucero,
esperadme, os lo pido caminando,
que yo regresaré como los pueblos
cantando y más cantando y más cantando.

POETA JOSÉ "PEPE" BARROETA

pedroperezaldana @ 21:00

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Todos han muerto

Todos han muerto.
La última vez que visité el pueblo
Eglé me consolaba
y estaba segura, como yo,
de que habían muerto todos.

Me acostumbré a la idea de saberlos callados
bajo la tierra.
Al comienzo me pareció duro entender
que mi abuela no trae canastos de higo
y se aburre debajo del mármol.

En el invierno
me tocaba visitar con los demás muchachos
el bosque ruinoso,
sacar pequeños peces del río
y tomar, escuchando, un buen trago.

No recuerdo con exactitud
cuándo empezaron a morir.
Asistía a las ceremonias y me gustaba
colocar flores en la tierra recién removida.

Todos han muerto.
La última vez que visité el pueblo
Eglé me esperaba
dijo que tenía ojeras de abandonado
y le sonreí con la beatitud de quien asiste
a un pueblo donde la muerte va llevándose todo.

Hace ya mucho tiempo que no voy al poblado.
No sé si Eglé siguió la tradición de morir
o aún espera.

Arte de anochecer

Hay un arte de anochecer.
De la entrada del cuerpo al alma,
de la niebla a la redondez
y del círculo al cielo;
hay un arte de luz,
un campo donde anochecer
es mirar la vida
con el cuerpo cerrado.
Hay un arte de anochecer,
un descenso en la entrada del día
a la completa oscuridad.
Un intermedio donde es necesario
recibir y saber todo sin estremecimiento.
Hay un arte,
un paisaje a veces amable,
a veces torvo,
donde ascenso y descenso son accesorios
de la materia limpia.
Hay un arte de anochecer.
Quien haya vivido o soñado con bosques,
luces y demonios,
lo sabe.

Canto a mí mismo

Yo era el poeta de mi tierra
y de toda la tierra.
Adentro de mí llovía y relampagueaba
y sentía siempre uns inmensas ganas
de llorar.
Yo me reía de las frutas que caen en los
tinglados y asustan el silencio
y hablaba con los muertos y con los animales
que pasan por la miseria vestidos de capitanes
largos.

Yo era un gran poeta de los muertos
como jamás hubo otro en la comarca
y me asustaba de ver subir las flores
hacia la cal ambigua de las tumbas.
Soñaba
cantaba por las noches una desgarrada melodía
y volvía a soñar entre muros y ciudades perdidas
persiguiendo sombras halladas entre el porfiado
frenesí de ausentes y de borrachos insondables.

Yo era un poeta
y me enamoraba de mí y de ti y de todas las miradas
que vienen desde lejanos pueblos a la imaginada mesa
del ecuador
a buscar estrellas y panes de cobre para maldecir
hombres
en el centro del mundo.

Comía sobras
robaba
leía el amenecer
bebía y fumaba hasta sentir un agradable
golpe en los pulmones.
Creía en la muerte y me aprestaba
a tomar el poder de mi país.
Confiaba en un grupo de poetas locos
que fueron apareciendo de puntos cardinales
distantes
incapaces de apagar sus deseos detrás de una
música rota por el olor de las botellas
y del encanto miserable.

Yo me cantaba y me celebraba a mí mismo
ganaba la vida sin hacer
buscaba que mi razón perdiera
y salía conmigo y contigo a buscar campos y ciudades
para soñar y matar a los padres de mis padres
quemar el mundo
y pagar algún día con mi cuerpo en la hoguera
el desenfreno de mi vaga ilusión.

Caía sobre mí mismo
y amaba mis fracasos.
Sentía el placer de ser otro
que escribe un poema sin principio ni fin
alerta por si viene la muerte y revienta
mi pobre y útil reino del cuerpo.

Hábitos

Mi oficio
regentar el vacío
Sólo tengo un pequeño estudio en arriendo
en Mérida
Mis tres hijas hacen y caminan sus sendas
ausentes de mí en eso de sabernos
con hábitos de familia.
Mi hijo muerto yace bajo una lápida
bajo prohibición de que grabe en ella
los epitafios que para él soñé
Mis libros formaron un pobre y curvo lomo
de estantería
que algunas veces entre emoción y tragos
salen del escondrijo
y leo perturbado poemas de muerte
amor paisajes y melancolía
Regento un vacío insoportable
doloroso
esperando que mi mujer se acueste
a mi lado
recién bañada
o
diga
Vamos a bailar que salieron las vacas
y las
estrellas.

24/08/2008 GMT 1

POETA MIYÓ VESTRINI

pedroperezaldana @ 20:26

miyo-vestrini.JPG

IX

El país, decíamos,
lo poníamos en las mesas,
lo cargábamos a todas partes,
el país necesita,
el país espera,
el país tortura,
el país será,
al país lo ejecutan,
y estábamos allí por las tardes
a la espera de algún doliente
para decirle
no seas idiota
piensa en el país.

CIERTAS JORNADAS SE HACEN LARGAS

Ciertas jornadas se hacen largas.
Nadie pregunta cómo las paso.
El rostro de los agresores
se mezcla
con el de los agredidos
No se sabe
cuántos sobreviven
a la masacre.

LOS PODEROSOS

Nada sentimentales
los poderosos
Nada amables
los poderosos
Nada sinceros
los poderosos
Nada sensibles
los poderosos
Eso sí
rancios
ejecutantes
vivisectores
graciosos
ostrones
los poderosos.

TÉ DE MANZANILLA

Mi amigo,
el chino,
escribió una vez sobre cómo se sientan
y caminan
las mujeres después de hacer el amor.
No llegamos a discutir el punto
porque murió como un gafo,
víctima de un ataque cardíaco curado con té de manzanilla.
De haberlo hecho,
le habría dicho que lo único bueno de hacer el amor
son los hombres que eyaculan
sin rencores
sin temores.
Y que después de hacerlo,
nadie tiene ganas
de sentarse
o de caminar.
Le puse su nombre a una vieja palmera africana
sembrada junto a la piscina de mi apartamento.
Cada vez que me tomo un trago,
y lo saludo,
echa una terrible sacudida de hojas,
señal de que está enfurecido.
Me dijo una vez:
La vida de uno es una inmensa alegría
o una inmensa arrechera.
Soy fiel a los sueños de mi infancia.
Creo en lo que hago,
en lo que hacen mis amigos,
y en lo que hace toda la gente que se parece a uno.

A veces nos quedamos solos
hasta muy tarde,
hablando de los gusanos que lo acosan
y del terrible calor que le entra todos los días
en esa arena y resequedad.
No ha cambiado de parecer:
un hambriento,
un desposeído,
puede sentarse y hacer amistad con Mallarmé.
Lautréamont nos acompañó una noche
y le dio la razón al chino:
la poesía debe ser hecha por todos.
Y llegaron los otros:
Rubén Darío mandando en Nicaragua,
Omar Khayyam con sus festejos,
Paul Eluard uniendo parejas de amantes.
Entre todos,
sumergimos al chino en la piscina, bajo la luna llena,
y se puso contento
como cuando tenía un río,
unos pájaros,
un volantín.

Ahora está arrecho otra vez,
porque le llevan flores
mientras trata de espantar a las cucarachas.
Quería que lo enterraran en Helsinki,
bajo nieves eternas.
Le dio la vuelta al mundo,
pasando por Londres donde una mujer lo esperaba,
y a su regreso,
tomó un té de manzanilla.
El,
que amaba tanto las sombras,
ya no pudo trasnocharse.
Lúcido y muy hipócrita,
tenía un miedo terrible a morirse en una cama.
Sé,
porque me lo escribió en un papelito,
que la frase que más le gustaba era de David Cooper:
la cama es el laboratorio del sueño y del amor.

LOS PAREDONES DE PRIMAVERA

No enseñaré a mi hijo a trabajar la tierra
ni a oler la espiga
ni a cantar himnos.
Sabrá que no hay arroyos cristalinos
ni agua clara que beber.
Su mundo será de aguaceros infernales
y planicies oscuras.

De gritos y gemidos.
de sequedad en los ojos y la garganta.
de martirizados cuerpos que ya no podrán verlo ni oírlo.
Sabrá que no es bueno oír las voces de quienes exaltan el color del cielo.

Lo llevaré a Hiroshima. A Seveso. A Dachau.
Su piel caerá pedazo a pedazo frente al horror
y escuchará con pena el pájaro que canta,

la risa de los soldados
los escuadrones de la muerte
los paredones en primavera.

Tendrá la memoria que no tuvimos
y creerá en la violencia
de los que no creen en nada.

VALIENTE CIUDADANO

A María Inmaculada Barrios

Morid con el pensamiento
cada mañana y ya no
temeréis morir.
(Tratado Hagakuse)

Dame, señor,
una muerte que enfurezca.
Una muerte tan ofensiva
como a los que ofendí.
Una muerte que soporte la lluvia
de Santiago de Compostela,
y de paso,
mate a los que me ofendieron.

Dame, señor,
esa muerte de la intemperie
que sorprende y tranquiliza.
Haz que esté largando mocos y lágrimas,
suplicando piedad
y deseando muerte ajena.

Haz, señor,
que aquel hombre con piel inédita
reconozca en mí al animal de los olivares.
Que su cuerpo pese sobre el mío
y haga dulce
la entrada al fuego.

Te prometo haberlo visto todo.
La misma culpa con la que nací,
el mismo furor.
Haz, señor,
que esté escuchando a Vinicio de Moraes
y a María Betania
y prometiendo que mañana,
lunes,
me inscribiré en un curso para aprender brasileño.

Que venga la muerte
cuando descubras en mí
alguna oculta intención de poder
y cuando sepas,
por tus informantes,
de mis maniobras para pasar la historia.
Cuando te digan, señor,
que he agotado todos los recursos de la fatiga
sin pedir clemencia,
entonces, señor,
dame duro.
Haz que este golpe que tengo en la frente
por abrir puertas a cabezazos
se ponga
rojo,
latiente,
doloroso.

Supongamos, señor,
que eres el bing-bang.
Que ningún territorio escapa a tu vigilancia.
Que los hots-dogs son tema de tu predilección.
Que tu deseo de mí es parte obscena
de tu personalidad.
Entonces, señor,
examina mi estómago abultado
por los espaguetis de Portofino
por las favadas del Guernica
por los pasteles de coliflor de mi madre
por los largos tragos de cerveza y ron.

Espía, señor, los rostros de mi espejo en el espejo,
yo, la pusilánime astuciosa
la del dedo en el aire
abanicando a la aburrida concurrencia.

Podrías venir al cine, señor.
Veríamos Brazil,
La vaquilla,
Un día de campo,
El cartero y Gatsby.
Me escucharías
sacudida por la risa
y el temor.

Permíteme, señor,
contemplarme cómo soy:
el rifle en la mano
la granada en la boca
destripando a la gente que amo.

Acuéstate conmigo en la madrugada, señor,
cuando mi respiración es un golpe de piedras
en la corriente del río.

Y verás como nada,
ni siquiera la leche de tus cantares,
puede darme una muerte que me enfurezca.

(Tomados del libro Todos los poemas, Monte Ávila Editores 1994).

POETA CÉSAR SECO

pedroperezaldana @ 20:02

cesar-seco_322x397.jpg

VIENES A DECIRME SILENCIADO.

Tuya mi piel de viento.
Hendidura la corteza.
Temblar ha sido serenarnos.
Corazón mi lengua.
Lluéveme luz en mi cabeza.
Alto árbol en un claro de lo oscuro.

AÑOS LLEVO EN ESTO.
Las pocas frutas. El pan.
La luz sobre la mesa lo va desmigajando.
Años llevo en esto.
La silla. El hombre solo.
El viento.

(De: Oscuro ilumina, 1999).

De El viaje de los argonautas

IV

Cuánto nos preparamos para esto.
En lo alto de la proa lo que se respira es oquedad.
Cada uno escribió su propia carta al único mundo que tuvo
y quizá no vuelva a ver.
Se nos olvidó adónde íbamos,
se nos olvidó incluso la fatiga de aquellas
que nos recibieron en el aceitado opio de sus cuerpos.
Cuándo volveremos a ver la antorcha y la bahía.
Alud de desperdicios. Corazón podrido de la manzana.
¿Quién nos trae de vuelta en bolsas negras codificadas
al verde pasto, al silencio de unas cruces blancas?
Cuántas veces creímos estar nuevamente partiendo.
Cuánto pagamos, cuánto para que fuese cierto.
El cielo pesa lo que una muralla invertida.
Todo ha oscurecido en el vientre de una tempestad muda.
Mi vida recalaba en todo esto
y en los horizontes que borró.
Invisible

La noche que caminamos apenas comienza
Juntos la hemos traído hasta aquí
Ya no hay más, dejé de mí cuanto era
Estos días ya no tienen mis pies
Lo que borran detrás es hilo indiviso
Trozo de nadie, escalera sin sostén
Escucho el agua como nada escucho venir
Allá arriba el lobo aúlla
Pasadizo en sus ojos no hay
En su pelambre no hay luna
No hay de dónde saltar
Aúlla allá cual si una mano sustrajera una
Estrella

a Benito Mieses

SKP*

La mariposa dejó sus alas de tigre en el bombillo
Nada como la playa donde nada suena
Nada como las olas devolviendo el mar mudo
Cielo de mugre, cama, puerta

Nada como estrellas sin saber hacia dónde pasando
Témpano sedimentado de olvido

Nada como la luz alcanzando el muro
Nada como el surtidor que los baña
Y los petardos que no escuchan sus cabezas

21/08/2008 GMT 1

POETA TAREK WILLIAMS SAAB

pedroperezaldana @ 00:39

tarek-willias-saab_450x424.jpg

AL FATAH

A Uchi.

Volveremos a ser amantes bajo el Sol de Acapulco
o a la orilla
de una barricada
incendiada en la Franja de Gaza

Si no tomaré por asalto un 747
en dirección opuesta a los horizontes
me coronarán mina terrorista
y volaremos entre el humo colorado de una explosión
así recogerán nuestros pedazos
y volveríamos a la madera
como cuerdita de guitarra

hundida en el mar

VERDE OLIVO

A Oswaldo Tovar,
Alí Valenzuela y Yamil Acero.

Hay unos hombres meciéndose bajo los árboles
Entre sombras una columna sin fogata descansa

a lo alto
otros ojos miran
tiembla el vértigo de los sueños
como las hojas del viento

tres vidas gravitan en el salto del cocuyo

Morada del santo bajado de la cruz
vigilia del caído en los pajonales

quién duerme
quién habita el peso de hierro
entre las manos

Memoria del fogueo al descampado
una incursión a medianoche resplandece

que nos preceda la tiera
ante la inminente llegada
que de regalo nos apremie el débil resplandor

vengan los muslos al aire
el olor de la amante en celo
la aguada carnada del moribundo
resucitado más adentro del vello celeste.

Hay unos árboles descolgados de sus plantas
otra vez
una vez

AUSENCIA DEL FUEGO Y LAS CENIZAS

No se repetirán las pequeñas historias
dos veces
piedra del salto
no seremos otra vez
para tocarnos bajo el agua

ya no será
lo que fue
más nunca
será

espejo de un cansancio por venir
resuelve esto címbalos
que se pierden
y torna azul lo gris

quién el que ya no es
quién primero el que dejo de ser

Peor o mejor si el regreso hace la rueca
más no igual sus molinos y veredas
Vuelta deshecha de mil parejas
a quien encomiendas el habla:
Tragadas por el vano orgullo callan
en un tembror contenidas
De qué valdría recordar
si lo que es
es nada en los días

Perdido
tempranamente
perdido
como de un nacimiento
extraviado

me busco en la que vendrá de la lluvia

Tengo de yodo los ojos vuelto arenisca
y es mía la música
que el río hace sonar

(TOMADO DE LA REVISTA IMAGEN, NRO. 100-89, CARACAS, MAYO 1992).

20/08/2008 GMT 1

POETA FRANCISCO PÉREZ PERDOMO

pedroperezaldana @ 23:04

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Somos las máscaras

Maldigo esta lengua
incapaz de murmurarte al oído
la palabra evidente
Aparte de la economía o derroche del lenguaje
toda lengua a la hora precisa
pierde el control de sus propias palabras
Es la Hora en que desde las profundidades
ascienden los monstruos dominantes
Y por más singular que se afirme
todo lenguaje propio
en suma carece de propiedades
Sólo somos las máscaras en donde resuenan
Las desaparecidas voces de antaño

EL CUARTO SE ATURDÍA

El cuarto se aturdía
con los coros de los perros ululantes
ladrándoles a la luna, aullando
desgarradoramente ante los pasos
invisibles del diablo.
Oficiando un extraño velatorio,
los murciélagos
colgaban en las vigas
y columpiándose al modo de engendros
infernales, sombríos veloriantes,
apagaban las velas con sus alas heladas.

Para escapar

Para escapar al pánico de las noches
y la incriminación de los vocablos
me acuesto
me levanto
mis pasos resuenan como fiebre
minuciosamente ordenada en el laberinto de las calles
me extravío en los barrios apartados

Pero el acoso de las voces
me sigue como una balada fatal

De nada han servido mis arrodillamientos
mis silbidos y mis brazos en jarras
y estos ojos tan tristes y escamados
deslizándose bajo la luna y las bombillas eléctricas
hasta una hora tan impropiamente avanzada

Sobresale en particular una voz enconada
voz anonadante
una voz muy estridente que repta como un cáncer
por las capas cerebrales

En las aceras
y sobre las basuras que levanta el viento
me rindo a mis fantasmas

(ANTOLOGÍA MÍNIMA, FONDO EDITORIAL ARTURO CARDOZO TRUJILLO 2003).

POETA YLDEFONSO FINOL

pedroperezaldana @ 21:25

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Ganas de Proa
Esa mañana que no retorna
Esa colina de nostalgias
Ese asalto de andares y recuerdos
Esa caída de vacíos al alma
Ese atardecer que sobrevuela mi angustia
Esa encima de lo triste
Esa pócima melancólica del horizonte
Ese cantar de palomas que inunda mis sueños
Ese crujir de mecates insomnes
Ese llover sangre los alcatraces ametrallados
Ese ungüento frío y mohoso del soplar los mares
Ese volver jadeantes a los días perdidos
Ese quedarse colgado en la mirada ausente
Ese buscar la orilla aferrado a lo hondo
Ese escarbar en las raíces del duelo
Y cierta manía de odio al dolor
Ese anhelo tibio por lo imposible
Esas ansias oceánicas de vuelo
Esa ambición animal de existir
Ese recurrir al canto y rumiar penas
Ese perseguir las nubes y beberse el sueño
Ese trepar por las colmenas del caos con la alegría de la lucha
Esas ganas de proa
Eso que soy.
Memorias
Voces de viejos tejen la pena en la almohada de la espera
una lluvia irlandesa lo inunda todo
que el murmullo en la brisa trae ansias y querellas
Es que una calle de mi pueblo huele a flores
y en la plaza una muchacha uniformada
despeinó las jardineras con el aleteo de la despedida
Fue así que vinieron los poemas trashumantes del otoño sideral
a colgarse de los cuellos juveniles
y se tatuaron las parrandas en la melancolía de ciertos y determinados seretones
especie de cupidos con lanza en ristre y corazón hotelero
que pasan por duendes a caballo con mujer en ancas
y el alma que se sale por la boca Allí es cuando provoca un bolero seco doble que le aclare a uno los sentimientos para poder cantarle a la luna que el amor es como ella un poco de luz redonda entre la nada millones de chispazos proteicos que corren alocados a preñar la entraña virgen de aquella muchacha ahora sin uniforme ni vestido alguno echada sobre la tupida flora de la voluptuosidad la jadeante respiración contenida entre los pechos sugestivos que le abren las flores a las ventanas de mi calle que empieza a oler a sexo como cuando huele a olvido.

Caribe ser
A esta orilla llega el aullido eclesial de bod marley
Hecho humo el mar fumado en una carta libertadora
A esta orilla como una inmensa lengua punzo penetrante
llega el Caribe navegando a tientas
urdiendo salvamentos fallidos mamas caídas
Cualquier clase de naufragio o recuerdo
Un huracán de multitudes lácteas succiona sueños de sus alas
aferrarse al mástil es una melosa canción desafinada
No hay chance de volver ni en la resaca emancipadora de retornos
Al Caribe no se viene a mirar el sol
Aquí se viene a gemir cuando el viento brillo luz infinita
Noventa grados Fahrenheit te ve de frente y te ausculta
Con infernal candidez de duende depredador de las penumbras
A esta orilla mar quimera continente
no se viene sin boleto de transfiguración ni certificado de regresión
Porque aquí siempre habrá un ancestro desconocido
sentado en un malecón
Esperándote para verter en tu hombro toda su pena
Y convidarte a un celebrarse juntos los encuentros con la botella a medio andar
donde un despecho ha de aparecer.

Niño que al día ve una mujer
Tras el pequeño portón de madera
Se ve su diminuta humanidad
Sus trenzas densas y negras como la tristeza de sus ojos
Del pote que apenas sostiene apuntando al azar de la bondad
Tiene todos los años de la desventura colgando en la piel
Por su soledad retozan con lujuria las hambres del género
Que no son palabras que quepan con facilidad
en los manuales de la estética poética de los manoseadores
los aduladores de la pose
Por lo que este poema panfletario
Con descaro lo proclamo con toda la melancolía y la vergüenza
Lo canto a aquella mujer de mil arrugas que se va pausadamente
hurgando la lástima ávida y torpe
por este mundo descalzo de amor.

Lluvia que fue un día

Esta vez la lluvia se desnudó sin anunciarse
Su piel de enigmas seduce al asfalto que se sacia
Vapores los suspiros escapan de un traslúcido marfil
Las paredes de las casas fósiles
parecen trapos viejos tendidos al ardor terrible del olvido
al dejarse poseer por la tarde húmeda reptil
El sopor desconecta a la tierra de sus traidores aposentos
Te desliza su peso inútil al onírico éxtasis febril
El volar que corta hilos de agua
Mis discos sencillos de acetato con manzana verde al corazón
Van de mis manos al adiós inesperado de la calle
Mi nostalgia censurada contra el pavimento
Esta vez la lluvia expolió mis nervios
con azotes de una calma insoportable
Me tomó por reo de la etérea pluviosidad.

Siete Poemas contra la Lluvia
Tormenta
Los caracoles fósiles irán de nuevo al mar
Al desierto la arena rejuvenecida
Una furiosa lengua de serpiente
Echa a la calle las esperanzas
A la intemperie envenenada
La tierra viste de luto multiocre
Los emplumados cadáveres de la existencia
Caen desplomados de plomos en las alas
Los techos ausentes de la pobreza
Ser pobre es muy triste cuando llueve
Cuando truena en el miedo solitario de los huérfanos
Cuando los partes meteorológicos son como crack bursátil
Pero no aparecen por ninguna parte
Las acciones solidarias que recuerden al ser humano
Cuando llueve y tiembla en la inmensidad del hambre.
II
La lluvia ácida
Ulcera la intimidad de los archivos
Oxida las bisagras de la memoria
Carcome las paredes intestinas del consciente
Sólo el llantén del amor anda presagiando alivios
Pero la lluvia no cree en hierbas
Ni en oraciones ni ensalmes
Menos en la poesía
Que a las nubes dispara con ungüentos del alma
La lluvia no come cuentos
Los devora.
III
La tarde pereció nublada
Hubo noche precoz
Se descolgaron las grises cortinas de la melancolía
Enmudeciendo la acuarela del crepúsculo
La voluminosa masa del agua
Estalló en su erótico cenit
Descargando rabiosas humedades
Sobre los fieles de la tierra
Y se inundó la vastedad
La ciudad arrasada
Oye temerosa a la lluvia cantar su soberbia
Su victoria inevitable
Entre ruinas y penas
IV
La lluvia despertó a los huracanes
Y puso en remojo las alas de millones de sueños
La libertad disfrazada de paloma
Cayó vencida por un peso extraño
Como un ataúd cargado de recuerdos
El sol despertó y el viento
En vez de secar tumba
Excava tumbas
Los ciclones se atrincheraron en la noche
Los relámpagos certeros disparos
La lluvia reptil triunfó sobre todo
Porque no hay quien dome le ímpetu de la tristeza
V
La lluvia de la noche
Arruina las serenatas
Arruina al teatro de calle
A los vendedores de tostadas
Y a los cines de pueblo
La lluvia de la madrugada
Arruina las noticias impresas y los pregoneros
Arruina el salado tendido eléctrico
Dando paso a la plaga y al desvelo
Y tras de sí al cielo apagado
La lluvia del día
La inesperada desnuda ante el Sol
Arruina las escuelas
Las marchas universitarias
Y los entierros de los pobres
Porque a pie y sudando
Ni las lágrimas se salvan de sus abusos.
VI
En esta ciudad cuando llueve
Se adormecen los latidos y el corazón
Inundado por oscuros nubarrones
Se queda triste debajo de unas ramas secas
Con un niño en los brazos
Al terminar la lluvia sobre el mar
Su piel es un cementerio cansado de esperar
Un poco más acá
Más cerca de mis huesos
Las calles un asco de charcos cloacales y diarreas
Mil niños morirán deshidratados este invierno
Serán vistos como sapos aventados
Al huerto luctuoso de los obituarios
¿ Para qué sirve entonces tanta agua?
VII
No hay peor día que el domingo
Parece que un ánima insomne
Se lo bebiera todo
El aliento y las caricias
La sed de justicia las ganas de amar
Pero un domingo lluvioso
Es el colmo de las tragedias
No hay musa ni vino
Que descifre su enigma de desconsuelo
Es como cargar la muerte de sombrero
O sentarse en los escombros de la tierra
A ver pasar el entierro de la especie.

18/08/2008 GMT 1

POETA WAFI SALIH

pedroperezaldana @ 20:54

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AFANDI
De ti sólo me queda
un sabor
aceitunado
en el recuerdo
Como Beduina
he recorrido los desiertos
de tu cuerpo
en la noche
En el juego
Detenido
en cada poro
de mi piel
Donde te invoca
mi alma
en un perfume.

SAMAR
Cóncava
tocando el fondo
de la desolación
día tras día
resplandeces
en el desierto
laúd adentro
llamas a la muerte
y oscurezco contigo.

(De Los cantos de la noche, 1996).

Dios

Punto

que corta

Una recta

Alba

que divide

el día.

Soledad

Transita

por mi alma

contenida

un silencio

de nieve

Me imprime

un sabor

a inmensidad

la noche

como un relámpago

visible.

Mentira

Reptil

sobre

el pasto

Fértil

te reconoces

en el umbral

del signo

donde nada

acontece

Exilios

Fuera de mí

un infinito

desierto

hace morada

Me deja

con dimensión

de arco

en los largos

caminos

de la noche.

17/08/2008 GMT 1

POETA LUÍS ERNESTO GÓMEZ

pedroperezaldana @ 22:56

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El Otro lado de la página

Debe haber algo poético en las sombras
Debe haber algo qué encontrarle
A las huellas que quedaron
A las olvidadas ausencias retratadas
Debe haber algo poético en la acostumbrada acción
Abrir la puerta y entrar en la misma sala
En la misma escena cambiante
Pasar el picaporte con las mismas pestañas
Asimismo indagar que debe haber algo incrustado
Debe haber algo de huella
Algo de olvidada ausencia
Retratada en las ventanas de tus ojos
Disgregada en tu forma de fluir
Debe haber algo que sabe a hierba
A sombra que se observa en el espejo
A esa acción que es encontrarse reflejado
Algo oscuro sorprendido
Algo en deuda de existencia
Algo inocuo, innombrado, perenne
Que se preserva en nuestra sangre
Que se cuida muy bien de no pertenecer a lo dicho
Que se dice más allá de sombra siendo sombra
Abrir la puerta y entrar en ese ciclo insistente
Ensimismado, dormido
Debe haber en este cuarto algo
Que nos haga despertar

***

Cada cruz es una coincidencia de contrarios
Cada objeto duplicado es una sombra que se cruza
Que reincide repitiendo los mismos albores
las mismas sangres
Que se enciende con clara voz nocturna
Que vuelve como eco que no cae
siempre en la ignorancia de no ver
La cruz cargada como el mundo de todos los pecados
Los clavos remitidos a los huesos
Penetrada la sombra y el peso del tiempo
Las siete palabras del delirio
La exquisitez del vacío
porque me has abandonado
La luz distendida en la lluvia
En la última sangre, que hierve al volver
Al ser alimentada en el barro del parto
Al ser huella milenaria
Este ciclo calcinante de muerte y peso
Se vuelve hacia nosotros
Este hombre, ese despojo de carne
Colgado de clavos
Esa conciencia de contrarios
que se enfrenta al vacío
Vuelve a ser objeto o símbolo
Una sombra que se cruza
Que reincide repitiendo los mismos albores
las mismas sangres
Que con clara voz se enciende nocturna
Que vuelve como eco que no cae
Siempre en la ignorancia
porque no saben lo que hacen

***

La justicia que sentencia ciegamente
Su virtud estremecida en el inmenso blanco ataviado
La justicia que nos es ciega
Casi como un revólver cargado señalando
Las balas hacia cualquier dirección y la muchedumbre
La justicia que se permite apuntar sin sentido
Que no se permite ver
Con sus límites de arquetipo deseado
Con sus límites humanos elevados a símbolo
Sólo la sentencia apuntada, sólo la decisión asumida
Nos refleja en ese espejo que llevamos dentro
Su visión limpia y cómoda, no asume riesgos
Delante los escombros cayendo como cuerpos
Esos ojos heredados-ataviados
Sentenciante sombra que la juzga
Rodeada en los cuerpos cayendo como ruinas
Más allá de culpas o inocencia
No alteran la danza de esos cuerpos olvidando voluntades
La justicia que tiene la fortaleza de mostrar sus ojos
Asomar el color de su rostro, de ejercer el poder de su palabra
La única, en que somos para siempre inocentes y culpables

***

Pongo entre comillas una palabra
No es justo lo que quiere decir
La palabra es un arma que apunta
Una flecha envenenada con antídoto
Cambio esa palabra, ella no apunta lo suficiente
Quizá no tiene suficiente veneno, suficiente medicina
Quizá le falta dirección, más justeza
No es casi lo que me dice el mundo
No es preciso ni fiel a lo que hay detrás
No es justo el mundo ni preciso
No es la clara palabra que me hace sentir como ese mundo
Quizá no tiene suficiente flecha, ni suficientes letras
Ni orden, ni apariencia detrás
Ni imaginación dormida, ni ojos por despertar en madrugada
Ni esa disposición de ser arma que no existe pero toca
que no mata pero cura
que no existe y es real su efecto de esperanza
Su pacto con los caminos que recorres
Su voz no dicha y para siempre río
que fluye en nuestras vidas
Cambio esa palabra por otra, nueva
Ella es una flecha envenenada que apunta
Indudable que la palabra es un arma con antídoto
No es justo lo que quiere decir
“No es justo el mundo”
Quizá debo poner todo el poema entre comillas

***

El otro lado, invisible e inequívoco
Lo otro que dicen las palabras
La retaguardia de mi cuerpo
infranqueable a mí mismo
Torso oculto esbozado en metáfora interrumpida
Desde una visión imposible
Desde una sombra refractante en los espejos
Se encienden las hogueras del misterio
que pesa
sobre tus hombros
El otro espejo de la palabra
La otra refracción posible, oculta, infinita
que reposa de arte
Vuelta al otro lado de la página

POETA LAURENCIO SÁNCHEZ PALOMARES

pedroperezaldana @ 00:50

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I

A la altura del alba el viento es más intenso.
Y hay una tristeza de lámparas que mueren
en un lugar del mundo.

La lluvia ha golpeado con fuerza los muros más antiguos.
Yo he perdido la mansedumbre que traje de mi muerte.

Íbamos descalzos, persiguiendo la luna,
y levantábamos las garzas y encendíamos el bosque
secreto de fábulas.

Íbamos hacia los cundiamores
Qué iluminaban serpientes al sur del océano.

Entonces, ella dormía sobre un césped de raíces jóvenes
en medio de la flora y de los pájaros
y su almohada estaba hecha de las nubes más blancas.

Yo era el desvelado que corría detrás de su risa
para rescatarla de la noche.

Entonces tenía la mansedumbre de las liebres más tristes.

II

Al sur de agosto
los puertos eran más azules.
Una ciudad había iluminada como el palacio de las vírgenes.

Al sur de agosto
ella amaba las mariposas,
extendía sus manos como lámparas después que caía las lluvia en los
jardines,

y lanzaba piedras enormes para abrir inmensas
cataratas en el aire.

Al sur de agosto la tierra no osaba detenerse nunca.
Mi madre miraba los mendigos como viniendo de la tarde.
Entonces teníamos el corazón de las perdices
más alegres
vueltas hacia el crepúsculo.

v

He vuelto al río,
allí hay una piedra enorme
donde se esconden los pájaros y el viento silba.
A los pasos azules
donde la infancia salta como las constelaciones.
Y la sonrisa busca espigas de oro.
Al río del pez volador
a los nidos de los pájaros negros
a las jícaras de barro
a las madrugadas celestes
a los altos bambúes donde los venados duermen
y los gallos enamoran gallinas salvajes.
He vuelto al sitio donde los hermanos Vargas
se reunían a la orden del más fuerte
y enarbolaban caucheras como estrellas de fuego.
A la casa de las piñas rojas
a la casa de campo donde hay animales mansos
encerrados entre alambres de púas.
A los hornos de cal
donde los leños son como crepúsculos
donde la tarde pierde su tristeza
y las mujeres cojen agua con tinajas oscuras.
He vuelto a andar entre hormigas doradas.
He vuelto a las montañas de peña azul
con un pañuelo rojo.
A los altos almendrones.
Almirante menea su cola y mira con ojos azules
mis sobrinas juegan en el patio con sus muñecas
rubias traídas de París.
Y Julio Helvecio me habla del abuelo
que se fue a las estrellas.

("PARA UNA FÁBULA" PUBLICADO POR EL FONDO EDITORIAL ARTURO CARDOZO
TRUJILLO 2005).

07/08/2008 GMT 1

POETA EGISTO VARGAS

pedroperezaldana @ 21:24

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Le hago rito
a la soledad
y me hospedo
en sus grietas

Colmado de nada
comprendo
el parentesco
de un suicidio

La máscara
me concede
la nada
y amanezco
en el vientre
de la noche

La luna cae
en mi alcoba
y el lobo
enmudece

Una huella
camina
los olvidos
en la ruta
sorda
de la habitación

La usencia
de la muerte
construye
su escenario
y en la taquilla
se regalan boletos

La noche
descifra
el código
de soles
entre
sábanas
celestiales

Un zapato
se descuartiza
y solo quedan
huellas
del insomnio

Hoy comprendo
el temor
a la serpiente
mientras
se cruza
la línea
del olvido

La noche sangra
el pergamino
de la historia

Se metaliza
no hay lágrimas
solo un bolero
destruído
al pie
del piano

Sin neurosis
la piel
de la muerte
me acosa

Yo un yo
de soledad
particulas
de silencio
átomo
del infierno

Me bebo
fantasmas
y amanezco
vomitando
soles tóxicos
innombrables

Tu escenario
mi silencio
tu obra
mi soledad
y yo público
que aplaude
la muerte
en primera
fila

POETA ISAÍAS RODRÍGUEZ DÍAZ

pedroperezaldana @ 21:02

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¡Quiero un hijo de ti¡

¿Sabes,
Quiero provocarte?

Quiero sacarte ese animal que llevas dentro
Y enfrentarme con él
Y pelear con él

Como quien defiende
Legítima
O
Ilegítimamente
Un territorio

¡Quiero un hijo de ti¡

No para que lo amamantes
Y lo abraces

Sino

Para que lo levantes
Y lo muestres
Como
Una bandera de tu carne

Con una cruz de azahares

El miedo de que te vieran
besándonos en la calle,
sin que tú lo percibieras
-inconsciente y diletante-
Íntegro, cabal e intacto,
completo me lo pasaste

Sé que no te has dado cuenta
De todo lo que sembraste

Tú ya no temes a nadie
Te le sacudes al mundo
andas harta de coraje
Todos te importan un bledo
Y hasta miras con desplante

Pero, en mi pecho hay un trueno
Un susto brusco me late
Y un cuchillo de aluminio
me hace tasajos la carne.

Me has herido los respiros
Se me amontonó la sangre
y en cada voz las espinas
Que quedaron en el aire

Me dicen como un rumor
de hormigas que se deshacen
¡Nos estan viendo, mi amor¡
¡Por Dios, vida, viene alguien¡

¡En los susurros hay fieras
Y el murmullo es más salvaje¡

¡Sería que lo que querías
era, mujer, desdoblarme
Y colocar mis soldados
de angustias por todas partes¡

¡Si es eso lo que buscabas
Creo que, por fin, lo encontraste¡

Pero esa angustia no es mía,
deshoja los almanaques
junta tu sombra y mi sombra
con un silencio de parques
-ponle a la noche otros días
junta tu tarde y mi tarde-
y recuerda que este miedo
ancho, de largos desfases,
aprehensivo y pusilánime
receloso y sin mensaje
-con un pavor hecho susto-
tú misma me lo pasaste.

Le puso sabor a cobre
a la saliva la carne;
Con unas piedras enormes
Hizo peso en mis ijares;
los labios se me cosieron
y las palabras -sin base-
se me fueron alejando
como un serpenteo distante
que me ha entregado este pánico
tenso y frío, como alambre.

¡Desde entonces ando a tiendas
Con una cruz de azahares
Y, en la calle, en las calles,
No están las ganas de amarte
y andar comiéndote a besos
con las locuras de antes¡

(Te esperaré en los olvidos, 2007)

06/08/2008 GMT 1

POETA GREGORIO RIVEROS

pedroperezaldana @ 22:36

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METAMORFOSIS EN LA HOGUERA DEL OCASO

COLUMPIOS

He tejido
columpios
en mi alma
para recrear
al suicidio
y la muerte.
Y
Yo
cínico
espero
solemne.

INFANCIA

Estoy de luto
sin mi padre.
Sin la casa
de infancia.
La oscura
noche
de ayer
me arrebata.

FINAL

Encuentras
el calor
de mi cuerpo
y los recuerdos
de la niñez.
Allí
están
mi Padre
y mi Madre.
Héroes
inconclusos
que moderan
mi perfección
que huye
por la casa
y la oscuridad
de los bosques.
Y persigues
mi alma
y los rastros
del ayer
doblegan
en esta hora
final.

AUSENCIA

Ciudad
sin magias
distante
sin caminos.
Me nombras.
Sientes
mis pasos
y
yo
el
gran
ausente.

TRAPECISTAS

En la noche
por la oscuridad
se marchan
los recuerdos.
Y no hay palabras.
Y no hay actos.
Allí
quedan
los pensamientos
como
trapecistas
del
vacío.

ROSTRO

Miro
la profundidad
del precipicio
y encuentro
la oscura
alegría
de tu rostro.

MUERTE

Te encuentro
perdida
sin memoria.
Vacilante.
Sin rostro.
Sin historia.
Ojalá
siempre
seas bella.

POEMA

Insisto
en la palabra
simple
y llana
del poema
del tamaño
simple
de un átomo
que se ocupe
de la nada.

MITOLOGIA

La muerte
vive
muerta.
La muerte
existe
y desea
vivir.
La muerte
es
Ella
que
al nacer
muere.

EL MUERTO

Amanecí
oloroso
a poesía.
Con flores
y velas encendidas.
Soy
el muerto
del Cementerio Municipal.
El cadaver
inusitado
sazonado con formol
Viajando
por la eternidad
junto
a salvajes gusanos
que saborean
mi naufragio.

POETA ELÍAS DAVID CURIEL

pedroperezaldana @ 22:13

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ELÍAS DAVID CURIEL

DESORIENTACIÓN

Desorientado en medio de la llanura
desolada, no encuentro la dirección,
pues no hay polar estrella, ni tengo brújula,
ni en el Orto sombrío despunta el Sol.

Camino largo trecho, camino mucho,
del imprevisto acaso siempre a merced;
y cuando la fatiga detiene el rumbo,
siempre en el mismo sitio me hallo de pie.

Es porque retrocedo siempre que avanzo.
Los puntos cardinales trastueca el gris
nocturno y soy peonza sobre mis pasos,
sin que del llano negro logre salir.

Fluir oigo en remota clepsidra, el agua,
muerto de sed y ardido por el calor…
Y no sé en mi extravío ni a dónde vaya,
ni en dónde estoy!

POETA RAFAEL JOSÉ ÁLVAREZ

pedroperezaldana @ 21:56

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RAFAEL JOSÉ ÁLVAREZ

DE GALLO Y NUBE FOSFORECE EL DÍA

De gallo y nube fosforece el día
hacia un silencio de húmedos tejidos:
rama de tempestad, fondos crecidos
en la luz donde un ángel se extravía.

Ala de encantamiento el tiempo hacía
derramar por el aire los sentidos.
Sobre el limo temblaban, desprendidos
como aulagas que el viento oscurecía.

Ahora la soledad suelta sus cabras
al borde de este día, por las abras
de oscuros meses que los sueños llagan.

Anda por las quebradas, y se queda,
y en sus ramajes la memoria enreda
una sombra de lluvias que se apagan.

(El Gallo y la nube, 1978).

DERRUMBES

Estas paredes ya no existen
y aún ocupan un lugar.
Cruzamos puertas, soportes, soleras,
y aún los olores desaparecidos
están allí con los derrumbes de este tiempo.

De su extinción derivan rastros, lagartijas.
La nada reservada a la estila, a los arcones,
los enseres que precedieron la maraña,
la humedad oculta donde ellos
(infusiones, aceites, duermevelas)
cavilan, resisten a la lama,
a la clausura, a evaporadas lluvias
que redujeron a polvo las vigas y los clavos.

Ahora sustentan el vacio,
opaco resplandor bajo un negado espacio
donde son apenas el secreto de los grillos,
esa maleza triste que trepa los tejados.

(Oikos, 1986).

HE VUELTO DE UNA CASA ENVEJECIDA

Los desaparecidos tienen la virtud
de hacer chillar el viento en el ñongué
a dos leguas escasas de estas puestas de Adaure.

Es en Sicaname.
La noche deja asomar,
además de los ojos de cegue,
algunas piedras que fosforecen
con la loza lunar.

He vuelto de una casa envejecida
con una historia al fondo.
He visto a una anciana levantar
bajo oscuros ramajes funerarios
una lámpara de greda.
Sus huesos a la intemperie
eran reminiscencias de la salina.
Ella apaciguaba el horno
de donde, uno a uno,
iban saliendo los animales
en un extraño resplandor de grave alfarería.

Entonces me había sentido
rodeado de exorcismos:
la primera visión estuvo en los lagartos.
La segunda en una gran tinaja
semejante a un perro.
Alguien señalaba al norte
seducido por la lluvia:
(¿Habría sido el pastor?)
Ahora erraba en polvo huracanado
sobre el esqueleto de las cabras.

Aún hay ujeres imprecisas que tejen
-arañas de bramante-
las iluminaciones de los muros.
Manos que hurgan en el sitio de las monedas.
Aún hay temblor en las rendijas de las puertas.
Más sólo me aproximo a los días caídos,
a una atmosfera de aceradas uñas,
de zorros instantáneos.

He vuelto de una casa envejecida.
Los desaparecidos se allegan
a un espacio
de vasijas quemadas...

(Consagraciones, 1993).

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